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28 de febrero de 2015

Valencia, Visita Canónica

El pasado jueves, día 26, llegó Madre General a nuestra casa en Valencia con el fin de realizar la Visita Canónica. Hermanas y Señoras residentes le recibimos con gran alegría. Es para todas, un tiempo extraordinario, una oportunidad de hacer, desde la fe, un alto en nuestra vida para seguir caminando con la fuerza que sólo Dios nos da en su seguimiento.
 


18 de febrero de 2015

Delegación en América

Como preparación a nuestro XV Capítulo General, la Delegación de América programó, los días 5 y 6 de febrero, un Cursillo sobre cómo integrar a los Laicos en nuestro Carisma y Espiritualidad, fue impartido por la Sra. Ma. Luisa Aspe Armella, Doctora en Historia de la Iglesia. Expuso los temas desde lo que el Magisterio de la Iglesia dice de la misión de los Laicos y cómo concretizarlo en la Congregación. Hubo bastante participación de las Hermanas y todas nos enriquecimos con las aportaciones.
El día 8, en un clima de silencio y oración, iniciamos los Ejercicios Espirituales ayudadas por la exposición de los temas dirigidos por el padre Jesús Rico, Operario Diocesano.
Damos gracias a Dios que nos ha proporcionado estos días de formación, oración y encuentro fraterno.
 


Bachaquero, 8º Encuentro de jóvenes con el Obispo

El día del amor y la amistad, los jóvenes de la Parroquia de María Auxiliadora, participaron en el “8º Encuentro de Jóvenes con el Obispo”, fue en el Colegio Juan XXIII, en Cabimas.
La asistencia  fue muy numerosa, el entusiasmo desbordaba cada momento del encuentro. Inició con la marcha hasta el lugar del evento, palabras de bienvenida del Equipo de Pastoral Juvenil a cargo de nuestro párroco P. Carlos Camacho, seguidamente fue el mensaje del Sr. Obispo William Enrique Delgado, quien invitó a Hna. María Enriqueta a compartir un breve testimonio a los jóvenes.
El momento central del encuentro fue la adoración al Santísimo, Hna. Petra participó en las ofrendas.
Hubo momentos de silencio y recogimiento, testimonio de un joven sacerdote y palabras del Padre  que dirigió ese momento.
 
 


9 de febrero de 2015

Hna. Victorina, Bodas de Oro de VR

En residencia Mater (México D.F.), el sábado pasado (7 de febrero) celebramos las Bodas de Oro de nuestra Hna. Victorina Matamala, presidió la Eucaristía el P. Ludvik Malek, en la homilía hizo participes a las señoras al ir sacando una a una las diez rosas que tenía y que dijeran una virtud que la Hermana representaba. Las señoras disfrutaron con ello. Lo más  destacado fue cuando presentó una flor pegada al bastón de la Hermana  y nos dijo había florecido como su vida, sostenida por Dios, a la vez, ella sostenía  a las demás personas. Las ofendas consistieron en:
una vela consumida como lo ha sido la vida entregada de la Hermana,
las Constituciones, una guía hacia Dios,
50 flores, los años dedicados a  Dios a través del servicio a los demás.
 
Acompañaron varias de nuestras Hermanas que estaban haciendo un cursillo, también las Señoras de la mesa Directiva y amistades de la casa.
Para finalizar no podían faltar los mariachis y la poesía que Hna. Begoña leyó con tanta delicadeza.
Damos gracias al Señor por la respuesta de la Hermana a lo largo de estos 50 años.
 


4 de febrero de 2015

Noviciado: ¡por fín llegó la nieve!

Esta mañana en esta Casa de Ejercicios y Noviciado, a primera hora de la mañana, al abrir las ventanas, nos ha sorprendido al ver todo el panorama cubierto de nieve... cosa inusual en Zaragoza. ¡Qué gozada, decían las novicias! Tantos días esperando la nieve y al fin aparece el jardín revestido de blanco.
Entre alegría y sorpresa, todo nos ayuda a saber `contemplar´ las maravillas de Dios en su creación.  Damos gracias a Dios que cada día y de tantas maneras, nos muestra su amor de Padre.
 


3 de febrero de 2015

Monterrey, Marcha de la Luz

La Diócesis de Monterrey celebra cada año del día de la Vida Consagrada con la “Marcha de la Luz” Eucaristía y verbena.
Nos unimos Hermanas de más de 20 Congregaciones para participar en esta marcha, desde la explanada de los Héroes a la Basílica de la Virgen de Guadalupe.
Durante la peregrinación, que incluyó carros alegóricos y danza de matachines, hubo cantos y oraciones, poniendo de manifiesto la alegría de nuestra fe y de nuestra consagración.
La Eucaristía fue celebrada por el Obispo Auxiliar Jorge Cavazos. Al inició se leyó la carta del Sr. Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera, (pues no puedo asistir), en ella exhortaba: “en este año renueven su vocación, fortalezcan su formación y desarrollen la misión a la que la Iglesia les está enviando”.
Después de la celebración, la convivencia estuvo amenizada por el grupo Jésed.
 

2 de febrero de 2015

En Pamplona: Bodas de Oro de VR

Con gozo celebramos en nuestra Casa de Pamplona, las Bodas de Oro de nuestra Hna. Conchita González.
Damos gracias a Dios por estos 50 años de consagración al Señor y por tanta gracia como de Él ha recibido. 
Fue un día de alegría desbordante. La Comunidad y Hermanas venidas de otras de nuestras casas, la familia casi en su totalidad, amistades, Señoras residentes y trabajadores reunidos con un único objetivo: acompañar a la Hermana Conchita, dar gracias con ella y agradecer su entrega. Ella misma nos comparte estas palabras:
 
“Desde esta ventana donde compartimos lo que realizamos, deseo dar  las gracias a Dios por  este acontecimiento tan especial y por lo acompañada que me he sentido por todas vosotras.
La fortaleza  que un día me impulsó para llegar a mi consagración, siento que las decisiones no se hacen de una vez para siempre en un momento de entusiasmo interior, sino que es una obra paciente, lenta… de todos los instantes, también en los momentos difíciles.
Es una obra que se va construyendo dentro de nosotras mismas; con paciencia, con tenacidad, amando los detalles, respondiendo a pequeñas insinuaciones del Espíritu, descubriendo el rostro de Dios en las pequeñas cosas.
Agradezco a mi familia de sangre y a mi familia religiosa y  a tantas personas que a lo largo de mi vida me han ayudado a seguir adelante, a mantener mi “SI” con alegría. ¡Gracias!
 
Hna. Conchita González
 
 


XIX Jornada mundial de la Vida Consagrada

Homilía del Papa
 
Pongamos ante los ojos de la mente el icono de María Madre que va con el Niño Jesús en brazos. Lo lleva al Templo, lo lleva al pueblo, lo lleva a encontrarse con su pueblo.
Los brazos de su Madre son como la "escalera" por la que el Hijo de Dios baja hasta nosotros, la escalera de la condescendencia de Dios. Lo hemos oído en la primera Lectura, tomada de la Carta a los Hebreos: Cristo «tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel» (2,17). Es el doble camino de Jesús: bajó, se hizo uno de nosotros, para subirnos con Él al Padre, haciéndonos semejantes a Él.
 
Podemos contemplar en nuestro corazón este movimiento imaginando la escena del Evangelio: María que entra en el templo con el Niño en brazos. La Virgen es la que va caminando, pero su Hijo va delante de ella. Ella lo lleva, pero es Él quien la lleva a Ella por ese camino de Dios, que viene a nosotros para que nosotros podamos ir a Él.
Jesús ha recorrido nuestro mismo camino para mostrarnos el camino nuevo, es decir el «camino nuevo y vivo» (cf. Hb 10,20) que es Él mismo. Y para nosotros, los consagrados, este es el único camino concreto y sin alternativas, debemos recorrerlo con alegría y esperanza.
Hasta en cinco ocasiones insiste el Evangelio en la obediencia de María y José a la "Ley del Señor" (cf. Lc 2,22.23.24.27.39). Jesús no vino para hacer su voluntad, sino la voluntad del Padre; y esto -dijo Él- era su "alimento" (cf. Jn 4,34). Así, quien sigue a Jesús se pone en el camino de la obediencia, imitando de alguna manera la "condescendencia" del Señor, abajándose y haciendo suya la voluntad del Padre, incluso hasta la negación y la humillación de sí mismo (cf. Flp 2,7-8).
Para un religioso, progresar significa abajarse en el servicio, es decir hacer el mismo camino de Jesús, que «no considero un privilegio ser igual a Dios» (Fil 2,6). Abajarse haciéndose siervo para servir.
 
Y este camino adquiere la forma de la regla, que recoge el carisma del fundador, sin olvidar que la regla insustituible, para todos, es siempre el Evangelio. Pero el Espíritu Santo, en su infinita creatividad, lo traduce también en las diversas reglas de vida consagrada, que nacen todas de la sequela Christi (del seguimiento de Jesús), es decir de este camino de abajarse sirviendo.
 
Mediante esta "ley" los consagrados pueden alcanzar la sabiduría, que no es una actitud abstracta sino obra y don del Espíritu Santo, y un signo evidente de esta sabiduría es la alegría. Si, la alegría evangélica del religioso es consecuencia del camino de abajamiento con Jesús... Y, cuando estamos tristes, cuando nos quejamos, nos hará bien preguntarnos como estamos viviendo esta dimensión kenotika.
En el relato de la Presentación de Jesús al Templo, la sabiduría está representada por los dos ancianos, Simeón y Ana: personas dóciles al Espíritu Santo (se le nombra 3 veces), guiadas por Él, animadas por Él. El Señor les concedió la sabiduría tras un largo camino de obediencia a su ley, obediencia que, de una parte, humilla y niega a sí mismo, pero, de otra parte, la obediencia enciende y custodia la esperanza, haciéndola creativa, porque estaban llenos de Espíritu Santo. Ellos celebran incluso una especie de liturgia, hacen una liturgia en torno al Niño cuando entra en el templo: Simeón alaba al Señor y Ana "predica" la salvación (cf. Lc 2,28-32.38). Como en el caso de María, también el anciano Simeón toma al Niño entre sus brazos, pero, en realidad, es el Niño quien lo agarra y lo guía. La liturgia de las primeras Vísperas de la Fiesta de hoy lo expresa clara y concisamente: «Senex puerum portabat, puer autem senem regebat». Tanto María, joven madre, como Simeón, anciano "abuelo", llevan al Niño en brazos, pero es el mismo Niño quien los guía a ellos.
 
Es curioso notar que en esta escena los creativos no son los jóvenes, sino los ancianos: los jóvenes, como María y José, siguen la ley del Señor, en el camino de la obediencia. Los ancianos como Simeón y Ana, ven en el Niño el cumplimiento de la ley y de las promesas de Dios. Y son capaces de hacer fiesta: son creativos en la alegría, en la sabiduría. Todavía, el Señor transforma la obediencia en sabiduría, con la acción de su Espíritu Santo. A veces, Dios puede dar el don de la sabiduría a un joven inexperto, basta que esté dispuesto a recorrer el camino de la obediencia y de la docilidad al Espíritu. Esta obediencia y esta docilidad no es un hecho teórico, sino que están en relación a la lógica de la encarnación del Verbo: docilidad y obediencia a un fundador, docilidad y obediencia a una regla concreta, docilidad y obediencia a un superior, docilidad y obediencia a la Iglesia. Se trata de una docilidad y obediencia concreta.
 
Perseverando en el camino de la obediencia, madura la sabiduría personal y comunitaria, y así es posible también replantear las reglas a los tiempos: de hecho, la verdadera "actualización" es obra de la sabiduría, forjada en la docilidad y la obediencia.
 
El fortalecimiento y la renovación de la Vida Consagrada pasan por un gran amor a la regla, y también por la capacidad de contemplar y escuchar a los mayores de la congregación. Así, el "depósito", el carisma de una familia religiosa, queda custodiado juntos tanto por la obediencia como por la sabiduría. Y, a través de este camino, somos preservados de vivir nuestra consagración de manera light, de manera desencarnada, como si fuera una gnosis, que reduciría la vida religiosa a una "caricatura", una caricatura en la cual se actúa un seguimiento sin renuncia, una oración sin encuentro, una vida fraterna sin comunión, una obediencia sin confianza y una caridad sin trascendencia.
 
También nosotros, como María y como Simeón, queremos llevar hoy en brazos a Jesús para que Él encuentre a su pueblo, y seguramente lo conseguiremos si nos dejamos aferrar por el misterio de Cristo. Guiemos el pueblo a Jesús, dejando a su vez guiarnos por Él. Esto es lo que tenemos que ser: guías guiados.
Que el Señor, por intercesión de María, nuestra Madre, de San José y de los santos Simeón y Ana, nos conceda lo que le hemos pedido en la Oración colecta: «ser presentados delante de ti con el alma limpia». Así sea.


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